Los días que vengan, serán felices, o no serán

Hoy tengo que presentar a Paddy, no porque sea obligatorio o de ley, sino porque tenía el deber moral de mostrar lo que significa aquello de "que todo lo que te venga sea mejor que tu bonita cara".

Y es que Paddy es de esos seres que iban por la vida, fuera de lugar y algo lentos, sin que nadie se diera cuenta, hasta que cayó al suelo ante los ojos y las manos de los humanos. Todo un susto para Paddy y para mí, que vivo con cierto miedo a encender el ordenador (o mirar el móvil y sus mil y una notificaciones).

Todo pintaba mal para Paddy, extremadamente delgado, extremadamente inexperto y extremadamente perdido en el mundo de los humanos, casi casi a punto de caer en el saco de irresponsabilidad, donde las personas piden loros sin saber nada sobre ellos ni su mundo particular, pero ahí van, a pedir que se acaba el mundo, porque si algo sale mal, la cuenta la paga el loro con su vida, su salud y su no-felicidad. Mi móvil empieza a pitar, a trinar, a zumbar, es una y otra vez la foto de Paddy, que como no tiene mi número de teléfono, por alguna suerte ha encargado que alguien me diga que salga corriendo, que me de prisa, que no me duerma en los laureles.

El mundo colapsa y por fin nos miramos a los ojos, Paddy y La Tía de Negro, pero por poco tiempo, toca correr al veterinario y no vernos en un par de días. El mundo se vuelve a alinear, las mariposas en mi estómago se calman y solo queda lugar al amor por lo que pueda suceder si al futuro le apetece tener a una de esas mil aratingas, que vuelan por Barcelona, vivas, aquí, a salvo.

Paddy vuelve a mis manos, él, su miedo, su juventud, mis ganas de triunfar y regalarle una vida completa y mucha paciencia entre él y yo y como a todos los convalecientes queridos, también ha recibido una visita de su futuro hermano, Green, que tenía un mensaje importante bajo su ala y decía así: Los días que vengan, serán felices, o no serán.

Y es así, para Paddy y para La Tía de Negro.


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